sábado, 31 de enero de 2015

lunes, 22 de diciembre de 2014

Vicios de la crítica, la pretensión.



La crítica en el mundo del entretenimiento audiovisual y la comunicación en distintos medios van de la mano, el oficio del crítico tiene un papel fundamental en la maduración creativa. La comercialización sin escrúpulos de la que todo mundo se queja es solo es un obstáculo menor a comparación de una crisis mayor a la que nos enfrentamos, la carencia de críticos reales, o que es lo mismo la proliferación de personas que al dar una opinión ya se consideran críticos. 

En la misma palabra se encuentra la clave, crítica del griego krínein que significa analizar, discernir, hace referencia directa al pensamiento crítico, el cual consiste en evaluar y profundizar en cualquier tema de relevancia, en otras palabras irse por las raíces, comprender el contexto y las repercusiones, todo escalándose a simplemente pensar. 

Para el parecer de la industria del entretenimiento el público actual no puede pensar, está prohibido insinuar que las personas tienen la capacidad de analizar más allá de la superficie y consumirán cualquier cosa que digan los medios de comunicación, y por esto es que actualmente estamos bombardeados de contenido basura y personas con ideas estúpidas. Estas personas creen que al cuestionar y estar en contra de sus ideas los insultas a un nivel personal, todas las ideas son para cuestionarse, destruirse, reconstruirse, hay que estar abiertos al diálogo y a la crítica constructiva como destructiva, claro de una manera inteligente y con sentido, nadie quiere escuchar a un obstinado sabelotodo. Esta es la ventaja de proponer este espacio de dialogo, no existe el sabio absoluto, todos podemos estar al mismo nivel y crear canales de comunicación y aprendizaje constante. 

La opción para iniciar este cambio se encuentra en observar, analizar, escuchar, así sabemos quién tiene una idea interesante (aunque no estemos de acuerdo) y quien tiene otras intenciones, ya sea llamar la atención o generar beneficios a costa de otros ideales. 

También llamar a la autocrítica, encontrar nuestro discurso, que todo lo que digamos sea por una razón que nos ayude a crecer, tanto cultural como intelectualmente,  en lo personal y en lo social.
Otra clave se encuentra en entender que no hay nada aislado, todos los aspectos de nuestra vida están conectados, así como los elementos del mundo del entretenimiento, y si nosotros como espectadores exigimos calidad y respeto, esto obtendremos, y los creadores de contenido tienen que seguir la corriente o estarán condenados a desaparecer, cometiendo el error de sentirse invulnerables, eternos, cuando cada día se crea material de una gran calidad y si no llegan al público por los medios actuales, lo harán por nuevos canales independientes, y esto ya ha pasado, el que ignora su pasado se condena a repetirlo. 

Pensar en todo lo anterior es solo el inicio para combatir la diarrea mental a la que somos sometidos día con día en los medios de comunicación, en el cine, la literatura, la animación, así como en donde se hablan de estos, ya que son la otra mitad de la experiencia, así como nuestros colegas y las personas en los foros con los que mantenemos un dialogo constante, hay que aplicar estas ideas y prescindir de quienes simplemente no nos otorga ningún beneficio, ya que ellos son parte del problema, que junto con quien menosprecia la inteligencia colectiva e individual, merecen terminar en el abismo del olvido y la ignorancia.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Viento y arena.



Entonces Joel despertó y notó que algo no estaba bien, no supo definir que era, una sensación cruda lo invadió. Aclaró la vista y en la habitación una intensa luz lo llenaba todo, emanaba por una ventana que apenas puede definir por el exceso de brillo. Se incorporó en la cama y se mantuvo viendo hacia la puerta por un largo tiempo, su mirada parecía indicar que se encontraba vacío, confundido. Tras un largo rato, en el que parecía que intentaba averiguar quién era y que hacia ahí una fuerza misteriosa lo agotó, entonces reposó otro instante más, cerró los ojos y de nuevo el tiempo fluyó sin control y sin que él pudiera percibirlo. 

Entrecierra los ojos y sobre la ventana percibió unas ondulaciones liquidas, todo se encontraba en tonalidades azules y verdes, la ventana ya no era como un fuerte reflector, se convirtió en un rectángulo blanco muy definido. Presta atención al objeto que flota sobre la ventana y este lo observa, es la cabeza de una mujer, que aunque no tenía pupilas lo miró intensamente como dispuesta a atacar. La cabeza sobresalía del muro como un trofeo y tenía una larga cabellera negra que flotaba como si se encontrara dentro del agua. Joel nunca había estado tan aterrado sin embargo su cuerpo no respondió  de tal manera, con toda la tranquilidad del mundo cerró lentamente los ojos y los abrió, la cabeza desapareció y la ventana volvía a ser un reflector, todo volvía a estar en tonos de blancos y grises. 

Joel se encontraba tras la ventana de otra habitación, desconocía cómo llegó ahí, pero esto no lo desconcertó, actuó como si ahí estuviera mucho tiempo, aunque el tiempo que pasó desde que se encontraba en la habitación era nulo. No se escuchaba ruido alguno, ni el de su respiración, contempló el blanco horizonte por toda una eternidad, tuvo la sensación de encontrarse ahí desde el inicio de la historia hasta el fin de los tiempos en un ciclo infinito, sin pensar en nada, solo contemplando el exterior. La intensa luz no venía de ningún sitio, sin embargo lo inundaba todo, las sombras eran caprichosas, apuntaban a todas las direcciones y provenían de objetos aleatorios, incluso sin coincidir con la forma de donde surgían. 

 Un intenso viento embestía contra la casa, desde siempre, y agitaba sin control los tubos de metal que colgaban del porche, en un tintineo constante, que generaba un efecto abrumador y se combinaba siniestramente con el desolador  ambiente.  Joel lo escuchaba pero al mismo tiempo no escuchaba nada, sabía que algo no estaba bien pero una fuerza mayor lo atontaba y lo mantenía dócil, incapaz de actuar y pensar libremente. Entonces sintió sed, o algo le dijo que debía tener  sed, se dirigió entonces a la cocina. Primero atravesó la amplia sala, recorrió con los dedos el borde de un largo sillón, levantando algo de polvo, contempló el gran mueble en donde había muchas figuras de porcelana, las veía pero al mismo tiempo no sabía que forma tenía ninguna, estas parecían formar parte del mueble ya que su color no resaltaba gran cosa con el resto de la sala. 

Atravesó la puerta de madera que da a la cocina, notó que se encontraba algo astillada, algunas líneas grises rompían el uniforme blanco de esta. Buscó en la alacena por un vaso, al abrirla efectivamente solo había un vaso, no le dio importancia y abrió la llave del fregadero, puso el vaso bajo la llave y ni una gota salió, cerró la llave y le dio un largo trago como si tuviera agua. Al terminar fingió lavarlo y lo regresó a la antigua alacena astillada, también de un blanco vulgar. 

El polvo lo cubría todo, Joel con tan solo caminar levantaba nubes, esto lo incomodaba aún más que la situación en la que se encontraba. Todo se repetía una y otra vez, la habitación, la ventana, la cabeza, la sed, y cada vez había más y más polvo. En las eternidades que pasaba en la ventana notaba las pirámides de polvo que se formaban en los escalones de la entrada y en cada esquina. A veces en los intervalos, aparecían pasillos y puertas, que según su percepción, no se encontraban ahí antes, se sentía invitado a atravesarlos y a abrirlas pero algo siniestro lo ahuyentaba de ahí, no sabía decir que era pero entre más rápido se alejaba se sentía mejor. 

En este ciclo infinito a veces las habitaciones se encontraban invertidas, esto lo desorientaba y afectaba aún más su conducta, sus acciones cada vez eran más erráticas. De repente se encontraba en la sala frente al gran mueble y le arrancaba pedazos de madera para masticarlos por horas, la enorme incomodidad de los pedazos de astilla y pintura blanca entre sus dientes lo entretenía y le dejaba un sabor amargo que su agua imaginaria no podía quitar. 

De pronto un día se encontraba bajando las escaleras del porche, arrastrándose, llego a la arena y hundió los brazos en ella, movía los dedos y así se arrastró por un buen tramo hasta quedar agotado, se giró y contemplo el blanco infinito del cielo. Observa a su alrededor y aún se encuentra al lado de las escaleras con el sonido del viento y los tubos de metal de fondo.

El ciclo infinito continuó y de vez en cuando salía de la casa, poco a poco se dio cuenta que estaba evitando algo, que llegaría a cansarse de esa cómoda monotonía. Debía hacer eso que tanto evitaba, cruzar el pasillo cuando apareciera y entrar en una de las puertas. El ciclo continuó aún más eterno a su parecer y cuando pensó que nunca terminaría, al ir a beber agua notó en el extremo de su visión el rectángulo negro, el pasillo que tanto evitó pero que ahora tiene que atravesar. 

Siguió derecho, ahí  no había polvo, en ese espacio todo era oscuro pero era una oscuridad acogedora, se acostó y recargó la mejilla en el piso de madera, lo cual fue agradable y refrescante, reposó un instante, después se levantó y abrió la primera puerta que tenía en frente. 

Joel ahora se encontraba en un patio rodeado por 4 paredes, en el centro había un enorme árbol que agitaba suavemente sus hojas con el viento, era el sonido más agradable que había escuchado, se recostó en el prado y durmió eternamente arrullado por el canto del árbol, nunca despertaría, se encontraba en el momento más dulce de toda su eterna existencia, embriagado por una inmensa felicidad.